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La niña y la mariposa.

(fragmentos) Va una mariposa bella volando de rosa en rosa, y de una en otra afanosa corre una niña tras ella. Su curso, alegre y festiva, sigue con pueril afán, y con airoso ademán la mariposa se esquiva. A veces con loco intento quiere hacer presa en sus galas, y, en vez de tocar sus alas, toca las alas del viento. Y su empeño duplicando, cuanto más corre afanosa, más leda la mariposa va su inocencia burlando. La ciñe en rápido giro, y al ir a cogerla esbelta, por cada vez que se suelta, suelta la niña un suspiro. Mas, sin ceder en su anhelo, presta una, y la otra ligera, ni una acorta su carrera, ni la otra amaina su vuelo. Y vagan embebecidas, sin sentir indiferentes ni el són de las claras fuentes, ni el de las auras perdidas. Ni los pájaros que espantan, entre las ramas divisan, ni ven las flores que pisan, ni oyen las aves que cantan. Y mientras estas cantando siguen con plácido estruendo, la niña sigue corriendo, la mariposa volando. (....) ...

El reino de los beodos.

Tuvo un reino una vez tantos beodos, que se puede decir que lo eran todos, en el cual por ley justa se previno: -Ninguno cate el vino.- Con júbilo el mas loco aplaudióse la ley, por costar póco: acatarla después, ya es otro paso; pero en fin, es el caso que la dieron un sesgo muy distinto, creyendo que vedaba sólo el tinto, y del modo más franco se achisparon después con vino blanco. Extrañado que el pueblo no la entienda. El Senado a la ley pone una enmienda, y a aquello de: Ninguno cate el vino, añadió, blanco, al parecer, con tino. Respetando la enmienda el populacho, volvió con vino tinto a estar borracho, creyendo por instinto ¡mas qué instinto! que el privado en tal caso no era el tinto. Corrido ya el Senado, en la segunda enmienda, de contado -Ninguno cate el vino, sea blanco, sea tinto,- les previno; y el pueblo, por salir del nuevo atranco, con vino tinto entonces mezcló el blanco; hallando otra evasión de esta manera, pues ni blanco ni tinto entonces era. Tercera vez bu...

Jose Saramago (18/6/10)

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"Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda."  "Es hora de aullar, porque si nos dejamos llevar por los poderes que nos gobiernan, y no hacemos nada por contrarrestarlos, se puede decir que nos merecemos lo que tenemos."  "Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y su vida centrada en su triunfo personal."  "Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista; tienes que leer." "Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay."  "Sí, soy pesimista, pero yo no tengo la culpa de que la realidad sea la que es." "No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más ...

Más vale estar a la sombra de un árbol.

Hijos, más vale estar a la sombra de un árbol que conocer la verdad, porque la sombra del árbol es verdadera mientras dura, y el conocimiento de la verdad es falso en el conocimiento mismo. Más vale, para un entendimiento justo el verdor de las hojas que un gran pensamiento, porque el verdor de las hojas puedes enseñarlo a los demás, y nunca podrás enseñar a los demás un gran pensamiento. Nacemos sin saber hablar, y moriremos sin haber llegado a saber decir. Nuestra vida pasa entre el silencio de quien calla, y el silencio de aquél que no ha sido entendido y, en torno a esto, como una abeja que revolotea en un lugar sin flores, ancla, incógnito, un destino inútil.  

La ley de la solidaridad social es la primera ley humana.

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La ley de la solidaridad social es la primera ley humana; la libertad es la segunda ley. Esas dos leyes se interpretan y, al ser inseparables, constituyen la esencia de la humanidad. La libertad es indivisible: no puede suprimirse una parte de la misma sin matarla toda. Esa pequeña parte que suprimís es la esencia misma de mi libertad, lo es todo. Mi libertad personal así confirmada por la libertad de todos se extiende hasta el infinito. Y cuando reivindicamos la libertad de las masas no pretendemos en absoluto abolir ninguna de las influencias naturales de ningún individuo ni de ningún grupo de individuos que ejercen su acción sobre ellas. Lo que queremos es la abolición de las influencias artificiales, privilegiadas, legales, oficiales. Si la Iglesia y el Estado pudieran ser instituciones privadas, nosotros seríamos indudablemente sus adversarios, pero no protestaríamos contra su derecho de existir. Pero protestamos contra ellos porque siendo indudablemente...

Sé todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad. Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos, que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos, que el llanto del hombre lo taponan con cuentos, que los huesos del hombre los entierran con cuentos, y que el miedo del hombre... ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos... y sé todos los cuentos.

Déjame, pensamiento, déjame.

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Déjame, pensamiento, déjame, mañana seré tuyo, volveré a ser tu presa. Pero hoy, mientras la luz araña en los árboles y pide una oportunidad, quiero que me recoja la inútil primavera. A la casa del frío regresaré mañana, cuando el tiempo exponga sus razones y el corazón pregunte lo que falta por ver, cuántos latidos pueden quedarle para detenerse.