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La cita.

Yo no me detendré; y tú camina como si no nos conociésemos. Las confusas voces y las difíciles señales de la ciudad, me turban; por los ojos de los demás y por los espejos, me descubre la muerte y me hace preguntas. Mujer, anda, al otro lado del carril hay que emprender el descenso. Sigue, entonces, el recodo. Pasado el puente de piedra, atajo arriba. No tuerzas a mano izquierda hasta que encuentres el recinto plantado de cipreses vivos y de cruces muertas. Quizá yo te haya adelantado; si no, espérame. Y no sentada, de pie, entera, vertical, no como los demás. Nos cuadraría un cielo bien alto, un mediodía despejado por el viento de los grandes viajes. La noche es harto piadosa. Y con tantas estrellas ilusiona. Mujer, la vida es moda, ya lo sabes. Desde hoy se impone la escondida manera de la desnudez hacia la línea ósea hasta el polvo primero y último. Desprevenidos y decepcionados, despidámonos y desmemoriémonos con nulos gestos de mármol. La gravedad es...

Vacaciones pagadas.

Imagen
He decidido marcharme para siempre. Amén. Volveré mañana porque soy viejo y tengo los pies muy resentidos e hinchados por la gota. Pero volveré a marcharme pasado mañana, rejuvenecido por el asco. Para siempre jamás. Amén. Pasado mañana no, el otro, volveré, paloma de raza mensajera, como ella estúpido, aunque no tan recto, ni blanco tampoco. Emponzoñado de mitos, con las alforjas colmadas de blasfemias, huesudo y chupado y legañoso, príncipe desposeído hasta de sus sueños, Job de pocilga; con la lengua cortada, castrado, pasto de la piojería. Tomaré el tren de vacaciones pagadas. Agarrado al tope. La tierra que fue nuestra herencia, huye de mí. Es un chorro entre las piernas que me rechaza. Herbaza, pedregal: signos de amor disueltos en vergüenza. ¡Oh, tierra sin ciclo! Pero miradme: otra vez he vuelto. Solo, casi ciego de tanta lepra. Mañana me voy -no os engaño esta vez. Sí, sí: me voy a gatas como el tatarabuelo, por el atajo de los contrabandistas...

Letanía.

Mentiras gordas o finas, firmes o tiernas -juramentos, besos-; vivas -cual sangre fresca-; sabias, agradecidas. Trolas y patrañas. Medias mentiras. Y mentiras históricas que hoy achacamos a los mentirosos bisabuelos. Mentiras literarias -en cada verso, dos mentiras-. Mentiras metafísicas -el ser y el tiempo ¡rediez !-. Mentiras técnicas, científicas: cifras que se vuelven máquinas y máquinas que mienten cual leyendas locas. Y mentiras de fe, que son la triste gran misericordia del cielo para los sufrientes y míseros de la tierra; altas mentiras fabulosas que un día, no sé cómo, dicen, serán certezas (gracias, Señor, por adelantado, a cuenta sin garantías, por si así fuese. ¡Amén, amén, Señor! Señor, ¿oyes el grito? ¡Para que la muerte, al rematarnos, mienta!)