Un filósofo retirado del mundo me escribió una carta repleta de virtud y razón, que acababa con estas palabras: "Adiós, amigo mío; conservad si podéis los intereses que os ligan a la sociedad, pero cultivad los sentimientos que os separan de ella."
La sociedad, los círculos, los salones, lo que se llama el mundo, es una pieza miserable, una ópera mala y sin interés, que apenas se sostiene mediante las máquinas y los decorados.