Una chica sola, a lo lejos, en la calle. Sé que es guapa; mi olfato visual es infalible. Podría coger los prismáticos y mirarla más de cerca. Pero no estoy para actividades hitchcockianas esta tarde. Al margen de que solas no están nunca. No hay chicas guapas solas. Eso sólo pasa en las películas. De hecho, si esto fuera una película, yo bajaría, seguiría a esa chica, la abordaría, y muy pronto habría florecido entre nosotros un bello romance, o por lo menos una excitante historia de cama (que es al fin y al cabo lo que importa). Pero eso son películas. Todo mentira. Como esta inútil vida imaginaria de quien se dedica a mirar por las ventanas.