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Mostrando las entradas etiquetadas como ✩ poema

En la niebla.

¡Qué extraño es vagar en la niebla! En soledad piedras y sotos. No ve el árbol los otros árboles. Cada uno está solo. Lleno estaba el mundo de amigos cuando aún mi cielo era hermoso. Al caer ahora la niebla los ha borrado a todos. ¡Qué extraño es vagar en la niebla! Ningún hombre conoce al otro. Vida y soledad se confunden. Cada uno está solo. .

La copa viva.

Hoy ella vió del alfarero mago de vasos la magnífica teoría, de toda forma y toda edad, y había en todos ellos un misterio vago. Su emoción al sentir, dijo el artista: -«Todos fuimos arcilla y éstos fueron reyes, poetas y amantes que murieron legando al sutil polvo su conquista». «EI espíritu, el vino de la tierra, busca en cada vasija al propio dueño, queriendo ansioso revivir su ensueño al contacto del vaso que lo encierra». «Mira, toma esta copa, ya palpita al verte aproximar; no espere en vano el beso de tu boca o de tu mano, que un muerto amor por renacer se agita». Y al acercar su labio, con su aliento cobró vida el espíritu dormido; una palabra murmuró a su oído, y eran su misma voz, su mismo acento. ¡Ay! y el viejo, un vivo muerto, canta el milagro de aquel muerto vivo, y se marcha en silencio, pensativo, a contar sus tristezas al desierto.

Algún día.

Algún día te escribiré un poema que no mencione el aire ni la noche; un poema que omita los nombres de las flores, que no tenga jazmines o magnolias. Algún día te escribiré un poema sin pájaros ni fuentes, un poema que eluda el mar y a las estrellas. Algún día te escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel y que convierta en palabras tu mirada. Sin comparaciones, sin metáforas, algún día escribiré un poema que huela a ti, un poema con el ritmo de tus pulsaciones, con la intensidad estrujada de tu abrazo. Algún día te escribiré un poema, el canto de mi dicha.

Los seres de la noche.

Los seres de la noche y los seres del día se reparten, por turnos, desde antaño mi alma. Los seres de la noche me hacen temer el día. Pues los seres del día son triunfantes y libres, ningún horror secreto hace vibrar sus fibras. Tienen el mirar limpio de los que nacen libres. Los seres de la noche, lentos, pasivos, dulces, tienen alma de río sosegado y oscuro. Sus gestos son furtivos y sus risas son dulces. Mas los seres del día tienen pupilas claras, de ese azul que ve sólo un águila en su cielo. El día da esplendor a pupilas tan claras. Son los vívidos ojos de héroes y de reyes del norte, que se ríen en sus palacios gélidos, de reinas cuyas almas dominaron a reyes. Los seres de la noche son cautos: en la sombra, fósforo misterioso se enciende en su mirada. Los seres de la noche sólo habitan la sombra. Los Seres de la noche, débiles, deliciosos, Hacen errar, pues son amantes fugitivos, Amantes con entrañas pérfidas, deliciosas. Desvían, en el b...

Tabaquería.

No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo. Ventanas de mi cuarto, De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién es (Y si supiesen, ¿qué sabrían?), Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente, A una calle inaccesible a todos los pensamientos, Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta, Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres, Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace blancos los cabellos de los hombres, Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de nada. Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad. Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir, Y no tuviese más hermandad con las cosas Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la calle La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida Dentro de mi cabeza, Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al a...

Si muero pronto.

Las raíces viven soterradas pero las flores al aire libre y a la vista. Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo. Si muero pronto, oigan esto: No fui sino un niño que jugaba. Fui idólatra como el sol y el agua, una religión que sólo los hombres ignoran. Fui feliz porque no pedía nada Ni nada busqué. Y no encontré nada salvo que la palabra explicación no explica nada. Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia. Al sol cuando había sol, cuando llovía bajo la lluvia (y nunca de otro modo), sentir calor y frío y viento y no ir más lejos. Quise una vez, pensé que me amarían. No me quisieron. La única razón del desamor: Así tenía que ser. Me consolé en el sol y en la lluvia. Me senté otra vez a la puerta de mi casa. El campo, al fin de cuentas, no es tan verde para los que son amados como para los que no lo son: Sentir es distraerse.

Abdicación.

Tómame, oh noche eterna, en tus brazos y llámame . Soy un rey que voluntariamente abandoné mi trono de ensueños y cansancios. Desvestí la realeza, cuerpo y alma, y regresé a la noche antigua y serena como el paisaje al morir el día.

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación.

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación... De no yacer en mí mismo desnudo con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón en un último, austero alarido! Hablo las palabras que digo son nada más un sonido: Sufro soy yo. Ah, extraer de la música el secreto, el tono de su alarido! Ah, la furia -aflicción que grita en vano pues los gritos se tensan y alcanzan el silencio traído por el aire en la noche, nada más allí!

Recuerdo después del diluvio.

Maldijo un cayado, ¡qué tonta! por eso yo la tuve temblando cinco noches. Sólo eso. Cinco vómitos muy continuados, a medida que la luz repetía esa osadía esclarecedora. Me conmovió tanta escalera, tanto peldaño. Y sus tacones. .

Lasitud.

Encantadora mía, ten dulzura, dulzura... alma un poco, oh fogosa, tu fiebre pasional; la amante, a veces, debe tener una hora pura y amarnos con un suave cariño fraternal. Sé lánguida, acaricia con tu mano mimosa; yo prefiero al espasmo de la hora violenta el suspiro y la ingenua mirada luminosa y una boca que me sepa besar aunque me mienta. Dices que se desborda tu loco corazón y que grita en tu sangre la más loca pasión; deja que clarinee la fiera voluptuosa. En mi pecho reclina tu cabeza galana; júrame dulces cosas que olvidarás mañana y hasta el alba lloremos, mi pequeña fogosa.

¿Qué historia es ésta y cuál es su final?

Qué historia es ésta y cuál es su final? Ya no quiero ser más vendedor de palabras. Ya mi cabeza está demasiado aturdida y mi canción es sólo un montón de hojas muertas.   Me da lo mismo la ciudad que el campo. Trataré de olvidar los poemas y los libros abrigaré mi cuello con una vieja bufanda y me echaré un pan en el bolsillo.   Oleré a mal vino y suciedad enturbiando los limpios mediodías. Y me haré el tonto a propósito de todo.   Y sin tener necesidad de triunfar o fracasar trataré que la escarcha cubra mi pasado porque no puedo sino hacer estupideces seguir caminando en estos tiempos.

Canción.

Ojos heridos me habeis, acabad ya de matarme, mas, muerto, volvé a mirarme, porque me resucitéis Pues me distes tal herida con gana de darme muerte, el morir me es dulce suerte, pues con morir me dais vida. Ojos, ¿qué os detenéis?, acabad ya de matarme, mas, muerto, volvé a mirarme, porque me resucitéis.

Al eterno señora.

Ideal maniquí, comodín del señuelo, ¡ eterno femenino !... plancha tus pañoletas: Siéntate en mis rodillas cuando lo ordene y dime qué artimañas usáis, ángeles degradados. Sé perversa y alégranos la hora desdichada, piafa con pie ligero los senderos abruptos. ¡Arde, ídolo puro! ¡y ríe! ¡y canta! ¡y llora, Querida! ¡Y de amor muere!... en los ratos perdidos. ¡Ninfa de mármol! ¡vamos! sé soñadora ¡y frívola! amante, ¡carne mía! hazte virgen, lasciva… feroz y santa y torpe, buscando un corazón… Sé la hembra del hombre, mujer, sirve de Musa Cuando el poeta brama ¡en Alma, Espada y Llama! Y después -cuando ronque- ¡besa a tu Vencedor!

Los conjuros.

Los temerosos de los brujos vecinos lanzan puñados de sal al fuego cuando pasan las aves agoreras. Mis amigos buscadores de entierros en sueños hallan monedas de oro. Los despierta el jinete del rayo cayendo hecho llamas entre ellos. Medianoche de San Juan. Las higueras se visten para la fiesta. Eco de gemidos de animales hundidos hace milenios en los pantanos. Los chimalenes reúnen las ovejas que huyeron del corral. Aúllan los perros en casa del avaro que quiere pactar con el diablo. Ya no reconozco mi casa. En ella caen luces de estrellas en ruinas Como puñados de tierra en una fosa. Mi amiga vela frente a un espejo: espera allí la llegada del desconocido anunciado por las sombras más largas del año. Al alba, anidan lechuzas en las higueras de luto. En los rescoldos amanecen huellas de manos de brujos. Despierto teniendo en mis manos hierbas y tierra de un lugar donde nunca estuve.

Melusina.

Infiel como el ala de los pájaros infieles tú siempre serás mía: los eucaliptus sangraban, un caballo ciego fue a agonizar entre los rieles porque no quería ver el fin de nuestro amor mientras se marchitaban los dedales de oro sembrados por un loco. Tú siempre serás mía. Infiel como el ala de los pájaros infieles.

Cuando yo no era poeta.

Cuando yo no era poeta por broma dije era poeta aunque no había escrito un solo verso pero admiraba el sombrero alón del poeta del pueblo. Una mañana me encontré en la calle con mi vecina. Me preguntó si yo era poeta. Ella tenía catorce años. La primera vez que hablé con ella llevaba un ramo de ilusiones. La segunda vez una anémona en el pelo. La tercera vez un gladiolo entre los labios. La cuarta vez no llevaba ninguna flor y le pregunté el significado de eso a las flores de la plaza que no supieron responderme ni tampoco mi profesora de botánica. Ella había traducido para mí poemas de Christian Morgenstern. A mí no se me ocurrió darle nada en cambio. La vida era para mi muy dura. No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.   Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44. Eso me daba ...

En la secreta casa de la noche.

Cuando ella y yo nos ocultamos en la secreta casa de la noche a la hora en que los pescadores furtivos reparan sus redes tras los matorrales, aunque todas las estrellas cayeran yo no tendría ningún deseo que pedirles. Y no importa que el viento olvide mi nombre y pase dando gritos burlones como un campesino ebrio que vuelve de la feria, porque ella y yo estamos ocultos en la secreta casa de la noche. Ella pasea por mi cuarto como la sombra desnuda de los manzanos en el muro, y su cuerpo se enciende como un árbol de pascua para una fiesta de ángeles perdidos. El temporal del último tren pasa remeciendo las casas de madera. Las madres cierran todas las puertas y los pescadores furtivos van a repletar sus redes mientras ella y yo nos ocultamos en la secreta casa de la noche.

Cuando en la tarde aparezco en los espejos.

Cuando en la tarde aparezco en los espejos cuando yo y la tarde queríamos unirnos tristemente nos despedimos tristemente nos hablamos en el espejo que disuelve las imágenes. Quién soy entonces, quizás por un momento de verdad soy yo que me encuentro, quién soy yo sino nadie alguien que quisiera pasarse los días como un solo domingo. Mirando los últimos reflejos del sol en los vidrios mirando a un anciano que da de comer a las palomas y a los evangélicos que predican el fin del mundo. Cuando en la tarde no soy nadie. entonces las cosas me reconocen soy de nuevo pequeño soy quien debiera ser y la niebla borra la cara de los relojes en los campanarios.

Botella al mar.

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes. Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados. Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos.

Si yo pudiera morder la tierra toda.

Si yo pudiera morder la tierra toda y sentirle el sabor sería más feliz por un momento... Pero no siempre quiero ser feliz es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural... No todo es días de sol y la lluvia cuando falta mucho, se pide. Por eso tomo la infelicidad con la felicidad. Naturalmente como quien no se extraña con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas... Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la infelicidad. Sentir como quien mira. Pensar como quien anda, y cuando se ha de morir, Recordar que el día muere y que el poniente es bello y es bella la noche que queda. Así es y así sea.