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ESCRITOS DE UN VIEJO INDECENTE.

Me pregunto cuál será el sitio para todos aquellos que no queremos ser nada, que no aspiramos a nada, que simplemente nos queremos quitar de en medio de la masa, que abrimos la boca lo menos posible y que de vez en cuando escupimos al papel toda la mierda que llevamos dentro. ¿Dónde estará ese sitio?

La senda del perdedor.

"- ¿Es usted el señor Chinaski? Asentí con la cabeza. - Llega usted con treinta minutos de retraso. - Sí - ¿Llegaría usted con treinta minutos de retraso a una boda o a un funeral? - No - ¿Por qué no? Si no le importa explicarnos … - Bueno, si el funeral fuera el mío, tendría que ser puntual. Si la boda fuera la mía, sería mi funeral."

Vivir de cubos de basura.

El viento sopla fuerte esta noche, es un viento frío y pienso en los muchachos desocupados en la calle. Espero que alguno de ellos tengan una botella de tinto. Cuando estás en la mala te das cuenta que todo TIENE DUEÑO y que hay cerraduras en todas las cosas. Así funciona la Democracia: agarrá lo que puedas, tratá de mantenerlo y agregá algo si es posible. Así es también como funciona la dictadura sólo que una esclaviza y la otra destruye a sus desheredados. Nosotros simplemente nos olvidamos de los nuestros. En cualquier caso. Es un viento muy frío.

Todo.

Los muertos no necesitan aspirina o tristeza supongo. Pero quizas necesitan lluvia. Zapatos no pero un lugar donde caminar. Cigarrillos no, nos dicen, Pero un lugar donde arder. O nos dicen: Espacio y un lugar para volar, da igual. Los muertos no me necesitan. Ni los vivos. Pero quizas los muertos se necesitan unos a otros. En realidad, quizas necesitan todo lo que nosotros necesitamos y necesitamos tanto. Si solo supieramos que es. Probablemente es todo y probablemente todos nosotros moriremos tratando de conseguirlo o moriremos porque no lo conseguimos. Espero que cuando yo este muerto comprendais que consegui tanto como pude.

Comentarios sobre mi último libro de poesía:

Estás mejor que nunca. transaste. una bosta. mi madre te odia. sos rico. sos el mejor escritor de lengua inglesa. ¿puedo ir a verte? escribo como vos, sólo que mejor. ¿por qué manejás un BMW? ¿por qué no das más recitales? ¿todavía se te para? ¿conocés a Allen Ginsberg? ¿qué pensá...

Pobreza.

Es el hombre que tú nunca has visto quien te mantiene alerta, el que ha de venir algún día. Él no se encuentra en las calles o en los edificios o en los estadios, o si está allá, lo he pasado por alto de algún modo. Me pregunto si se encuentra allí. Bajo las calles, paso delante de farmacias y hospitales y teatros y cafés y me pregunto si él se encuentra ahí. He mirado casi durante medio siglo y él no ha sido visto. Un hombre vivo, verdaderamente vivo, digamos cuando desciende la mano al encender un cigarrillo, ves sus ojos como los ojos de un tigre mirando fijamente al pasar en el viento. Pero cuando las manos bajan, es siempre los otros ojos los que estan allá siempre, y pronto será demasiado tarde para mi y habré vivido una vida con farmacias, gatos, sábanas, saliva, periódicos, mujeres, puertas y otros surtidos, pero en ninguna parte un hombre vivo.

Pájaro azul.

Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero soy duro con él, le digo quédate ahí dentro, no voy a permitir que nadie te vea. Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero yo le echo whisky encima y me trago el humo de los cigarrillos, y las putas y los camareros y los dependientes de ultramarinos nunca se dan cuenta de que esté ahí dentro. Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero soy duro con él, le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres hacerme un lío? Hay un pájaro azul en mi corazón que quiere salir pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir a veces por la noche cuando todo el mundo duerme, le digo ya sé que estás ahí, no te pongas triste. Luego lo vuelvo a introducir, y él canta un poquito ahí dentro, no le he dejado morir del todo y dormimos juntos así con nuestro pacto secreto y es tan tierno como para hacer llorar a un hombre, pero yo no lloro, ¿lloras tú?

Cisne de primavera.

También en primavera mueren los cisnes, y ahí flotaba, muerto un domingo, girando de lado en la corriente, y fui hasta la rotonda y distinguí, dioses en carros, perros, mujeres que giraban, y la muerte se me precipitó garganta abajo como un ratón, y oí llegar a la gente con sus canastos de camping y sus risas y me sentí culpable por el cisne, como si la muerte fuese algo vergonzoso y me alejé, como un idiota, y les dejé mi hermoso cisne.