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Mostrando las entradas etiquetadas como concha garcía

Recuerdo después del diluvio.

Maldijo un cayado, ¡qué tonta! por eso yo la tuve temblando cinco noches. Sólo eso. Cinco vómitos muy continuados, a medida que la luz repetía esa osadía esclarecedora. Me conmovió tanta escalera, tanto peldaño. Y sus tacones. .

Escena en un mar.

Todo lo que dice bordea el asunto. Habla de tierra rara, de un hotel, de varios obstáculos. Una mirada complaciente casi le abraza. Llega de un remoto trazo de letra. A cualquiera no le escriben. Tengo miedo de abrir los regalos, los dejo a la sombra del mueble. Si hubiese en ellos esa señal acabaría tirándome por la ventana. Es mucho mejor que las habitaciones de ese hotel... y después, fíjate, resulta un desencanto el envoltorio. Quiere lo que esconde la arena ese vaivén que sólo el viento es capaz de insinuar con su fuerza. Me dice: Transcurren los días encerrada todavía no he acabado la novela me cuesta dejar la casa que no tuve sueño con habitaciones sin puertas hoy ha llovido. Me duele la cabeza. A veces me eclipsa el tarot y me decido. Aquel viejo ajuste de cuentas me preocupa en sus melodías borrosas. Ya no es la que era. ¿Quién es la que era? Un trío de jóvenes afina la garganta van a cantar y el ruído es espantoso. Habla a borbotones y cae de su ...

Sensación en el labio.

Me da sorpresa bajar por la ventura de mis emociones porque para qué haber estado alta si la fiebre la produce el recorrido. Tengo un beso junto a la boca y un tiempo para que dure la sensación del beso que recibo y la inscripción de la sinceridad. Otro tiempo no lloraré sin saberlo que es como ahora que por encima de la conciencia está la voluntad de sentir un beso junto a la boca. Si ese beso se parte y va al labio una senda del beso que se fue se irá sin mí también y no será simétrico. Por eso es gran cosa.

El hielo de la noche de verano.

Alcanzar el absoluto tedio: designio y arcada todo junto, los que sueñan son más astrales que yo, no es preciso intuir ni saber, sólo con el desliz de la mano hacia su cintura me basta. Terquedad, frío, el hielo de la noche de verano. .

La derrota da pruebas de que estamos vivos.

Recuerdo dos horas seguidas. Luego un abatimiento. Se filtraba la luz, pero anochecía. Yo era otra. ¿Dónde estará aquella ropa? Era la misma que soy ahora. Menos cosas que recordar menos vida, o más vida, o poca vida. O ninguna vida por delante ni hacia atrás. Mi vida. ¿Qué es mi vida? Estaba sentada en otra silla: lo recuerdo, estructura de madera recubierta de lona. Sobre una mesa con el cristal resquebrajado escribí un poema, ¿o era el mismo poema? Un ansia de recordar lo invade todo y decido escribir cinco o seis poemas más. Me llevan a raros lugares donde estuve. No sufro. Sufría. ¿Mejor o peor? Abatimiento porque recuerdo la misma soledad. La misma soledad no me convierte en otra persona. Será ése el hilo, mi fantasma, mi amor, el que me eleva y me deshace, pero no me perturba. Sería cuestión de sentir distintas soledades. Varias soledades. Que muchas soledades se agolpasen de pronto para ir al supermercado, o sintiendo deseos de ir al mar. Que todas ...

Bajo los auspicios.

La cosa más profunda que he vivido ya la he olvidado. Ahora sólo me importa arreglar la ventana si se rompiera, o limpiar los cristales. Todas las verdades han sido un largo pronunciamiento sin fecha, de pronto no recuerdo ninguna. Se confunden encaramadas bajo los auspicios de mi necedad que tampoco se precia. A mí me gusta el encantamiento de ciertas tardes, cuando lo evidente no es real. .

Heladas por el presente.

Soy una mujer que se alejó del mar. El pequeño fin, como dije. Ponerse la toalla, el pequeño trozo de pared, pon la mano y échate sobre mí, un poco lejos, el pecho es piedra. Sobre mí deja la cal un rastro de tres dedos, debió apretar más con el pulgar que con el índice. Luego esa porquería de libro y la camarera que nos trajo la bandeja oxidada el amor no cabe en fuente alguna tumbas tierra adentro ondulaciones de tierra raíces secas brotes de ramas retorcida hiedra tierra adentro la mano, la cal, la bandeja, la camarera, el mar.