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El pesa nervios.

He sentido de verdad que rompíais la atmósfera a mi alrededor, que hacíais el vacío para permitirme avanzar, para dar el lugar de un espacio imposible a lo que en mí estaba aún sólo en potencia, a toda una germinación virtual y que debía nacer atraída por el lugar que se le ofrecía. Me he colocado a menudo en ese estado de absurdo imposible, para tratar de hacer nacer en mí el pensamiento. Somos unos pocos en esta época empeñados en atentar contra las cosas, en crear en nosotros espacios para la vida, espacios que no estaban y no parecían tener que encontrar un sitio en el espacio. Es necesario que se comprenda que toda la inteligencia no es más que una amplia eventualidad, y se la puede perder no ya como el demente que está muerto, mas como el ser viviente que está en la vida y que siente sobre sí la atracción y el soplo (de la inteligencia, no de la vida). Las titilaciones de la inteligencia y ese brusco trastocamiento de las partes. Las palabras a mitad de camino de la inte...

El ombligo de los limbo.

Hay una angustia ácida y turbia, tan potente como un cuchillo, una angustia de relámpagos, como chinches, como piojos duros, cuyos movimientos están congelados, una angustia donde el espíritu se estrangula y se corta a sí mismo -se mata. No consume nada que no le pertenezca, nace de su propia asfixia. Es una congelación hasta la médula, una ausencia de fuego mental, una carencia de circulación de la vida. Pero la angustia opiácea tiene otro color, no tiene esa caída metafísica. La imagino llena de ecos y de cuevas, de laberintos, de retornos; llena de lenguas de fuego parlantes, de ojos mentales en acción y del chasquido de un sombrío rayo, pleno de razón. Pero entonces imagino bien centrada al alma, y siempre en el infinito divisible, y transportable como algo que es. Imagino al alma sensible, que a la vez lucha y consiente y hace girar sus lenguas en todos los sentidos, multiplica su sexo -y se mata. Es necesario conocer la verdadera nada deshilada, la nada que no tiene ya ...

La cuestión se plantea.

...ni el espacio ni la posibilidad, yo no sabía exactamente qué era, y no experimentaba la necesidad de pensarlo; eran palabras inventadas para definir cosas que existían o no existían frente a la urgencia apremiante de una necesidad: la de suprimir la idea, la idea y su mito y de hacer reinar en su lugar la manifestación trotante de esta explosiva necesidad: dilatar el cuerpo de mi noche interna, de la nada interna de mi yo que es noche nada, irreflexión, pero que es explosiva afirmación de que hay algo a lo cual puede ceder lugar: mi cuerpo.

Heliogabalo.

En toda poesía hay una contradicción esencial. La poesía es la multiplicidad machacada y que lanza llamas. Y la poesía, que devuelve el orden, resucita primero el desorden, el desorden de los aspectos inflamados; hace que se entrechoquen aspectos que reduce a un punto único: fuego, gesto, sangre, grito. Devolver la poesía y el orden a un mundo cuya propia existencia es un desafío al orden significa devolver la guerra y la permanencia de la guerra; significa traer un estado de crueldad aplicada, significa provocar una anarquía sin nombre, anarquía de las cosas y de los aspectos que se despiertan antes de hundirse de nuevo y fundirse en la unidad. Pero quien despierta esa anarquía peligrosa es siempre su primera víctima.

Correspondencia de la momia.

Esa carne que ya no se tocará en la vida, esa lengua que ya no logrará abandonar su certeza, esa voz que ya no pasará por las rutas del sonido, esa mano que ha olvidado hasta el ademán de tomar, que ya no logra determinar el espacio en el que ha de realizar su prehensión, ese cerebro en fin cuya capacidad de concebir ya no se determina por sus surcos, todo eso que constituye mi momia de carne fresca da a dios una idea del vacío en que la compulsión de haber nacido me ha colocado. Ni mi vida es completa ni mi muerte ha fracasado completamente. Físicamente no existo, por mi carne destrozada, incompleta, que ya no alcanza a nutrir mi pensamiento. Espiritualmente me destruyo a mí mismo, ya no me acepto como vivo. Mi sensibilidad está a ras del suelo y poco falta para que salgan gusanos, la gusanera de las construcciones abandonadas. Pero esa muerte es mucho más refinada, esa muerte multiplicada de mí mismo reside en una especie de rarefacción de mi carne. La inteligencia ya no tiene san...