Canto XXII
Si me encuentras por esta ruta de torcaces adormecidas no es porque mis mariposas y mis violetas hayan naufragado en las tardes del olvido. Es porque mi llanto se hizo anciano y los pentagramas tienen colgadas palomas de destierro señalando el inicio de mi canto. Si acaso sin querer me encuentras cuando vagando por tus caminos de casas sin ventanas vuelvas de tu abismal distancia será porque mi sombra se quedó prendida en tu figura de caminante sin brújula. Y si te preguntas dónde estaba yo a la vuelta de tu viaje será porque la muerte te encontró desprevenido y mis ojos se quedaron anclados en tu mirada rasgada por el viento. No me riñas por los besos que rompieron mi cántaro de luz fueron solo guijarros con los que quise marcar la ruta por donde una tarde te fuiste sin despedirte sin siquiera un adiós ni sonido de tambor y mar. Y con tu nombre de miel entierro tantos otros muertos que me dejaron un adiós...