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Autorretrato

Todo lo que llevo dentro está ahí fuera. Se ha hecho -fiel a sí mismo- mi evidencia. Mis pensamientos son montes, mares, selvas, bloques de sal cegadora, flores lentas. El sol realiza mis sueños, me los crea y el viento pintor, errante, -luz, tormenta- pule y barniza mis óleos, mis poemas, y el crepúsculo y la luna los avientan. Podéis tocar con las manos mi conciencia. Gozar podéis con los ojos -negro y sepia- los colores y las tintas de mis penas. Y eso que os roza el labio, bruma o seda, es mi amor -flores o pájaros que revuelan- mis amores, criaturas libres, sueltas. Todo lo que fuera duerme, queda o pasa, todo lo que huele o sabe, toca o canta, conmigo dentro se ha hecho viva entraña, víscera oscura y distinta, sueño y alma. Si pudierais traspasarme os pasmarais. Todo está aquí, aquí dormido. Dibujada llevo en mi sangre y mi cuerpo cuerpo y sangre de patria. Luces y luces de cielo, cosas santas.    Todo lo que ...

No está el aire propicio para estampar mejillas.

No está el aire propicio para estampar mejillas. Se borraron la flechas que indicaban la ruta más copiosa de pájaros para los que agonizan. Se arrastran por los suelos nubes sin corazón y a la garganta trepa la impostura del mundo. No está el aire propicio para cantar tus labios, tu nuca en desacuerdo con las leyes de física ni tu pecho de interna geografía afectuosa. Las tijeras gorjean mejor que las calandrias y no vuelven ya nunca si remontan el vuelo y aquí en mi cercanía tres libros se aproximan, abiertos en la página donde muere una reina. Qué dulce despertar el del amor que existe y qué existencia clara la del ojo que duerme, velado por las alas remotas de los párpados. Pétalos de difuntas miradas, llueven, llueven y llueven, llueven, llueven. Me sepultan los pies, las rodillas, el vientre, la cintura, los hombros. Van a enterrarme vivo; van a enterrarme vivo; No está el aire propicio para soñar contigo.