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Aztecal VIII

En este poema de muertos se te murió tu padre, se murieron tu abuelo y tu siembra y se acabó la tarde en una mirada. En este poema de muertos se murió el amor de tus antiguos, se murieron tus pájaros y se calló la estrella de tu frente como un puñado de rosas enfermas. En este poema de muertos se te murió la vida, y por segunda vez se te murió la patria cuando tú te quedaste mirando como un arco iris sin color. En este poema de muertos se te partió la sangre en dos ríos azules, y un esqueleto de sombras en tus ojos de nieve busca la libertad de tu pueblo.

El maldicionero.

(fragmentos) A los poetas que murieron cuando éramos niños, mutilados de lengua, del sonido y del aire. A los poetas revolucionarios, prisioneros, maestros de la voz, antipájaros que un día se estrellaron en el vómito del agua. Bajo mis pies hay una ciudad de pájaros subterráneos, la noche los ahoga. El cuervo endurece, lo hace indiferente a la humillación, tantas veces repetida la circunferencia en el aire, ¿qué importa que el aire sea distinto?, buscador incansable de una línea. El hipócrita oído se hace inofensivo, la tierra cae y se filtra con la delicadeza de su peso, la humedad de la hoja desprendida renace en el ojo, tierra y sal se identifican en un nuevo estilo de soledad. El agua deja su sabor y se detiene en la sombra, nadie sabe que estuvo de visita, habló del contenido de una sustancia que denunciará la debilidad de los sentidos. La lengua se neutraliza y a la arena le crece una uña de pasto. Cuando apenas era un niño su esp...

El cóndor de los andes, víctima de sueños

(fragmentos) ¿De qué color es tu alma hombre?, ¿dónde quedó el último aliento de tu sombra?, ¿dónde quedó tu pasado?. En la sombra de la vida, que es una sola, cae un eco de destinos imposibles. Cuesta soltar la soledad a la orilla de la vida, la hierba crece hacia adentro y se hace el ojo de la tarde indefinida. Como una tempestad de ilusiones la herida cicatriza el instante de antiguos sufrimientos donde la oruga prepara su cosecha de sueños. El párpado del pájaro guarda su último canto de desdichas en la madrugada que a nadie dice nada. Caen rayos de ira, el viento levanta su coraje de espinas. Enamorada el ave suicida sigue en el vuelo su inmensa soledad. Viene nuevamente el recorrido de todo lo pasado, y la orilla del espejo vuelve a desdibujar en el aire la imagen que agoniza. No hay nada más que decir, te has ido de nuestros sueños, de la vida, sólo ha quedado tu sombra en el vuelo imaginario que tiene en su remordimiento una escritura...