Porque el instante
en que la palabra feliz
se pronuncia
no es nunca el instante de la felicidad.
Porque los labios del sediento
no hablan de sed.
Porque por boca de la clase obrera
nunca oiréis la palabra clase obrera.
Porque el desesperado
no tiene ganas de decir
"estoy desesperado".
Porque orgasmo y Orgasmo
son incompatibles.
Porque el moribundo, en lugar de decir,
"me estoy muriendo"
no emite más que un ruido sordo
que nos resulta incomprensible.
Porque los vivos
son los que rompen el tímpano de los muertos
con sus terribles noticias.
Porque las palabras acuden siempre demasiado tarde
o demasiado pronto.
Porque de hecho es otro,
siempre otro,
el que habla,
y porque aquel de quien se habla
calla.
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Nuevos motivos por los que los poetas mienten. |
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Preguntas. |
No entiendes lo que dicen, mas te llega,
te alcanza, te hiere, te trastorna.
¿O tal vez eres tú y tu terror?
Huele mucho, huele por todas partes,
es un olor dulzón y pegajoso,
pero no sabes a qué huele.
¿O tal vez eres tú y tu viejo espanto?
Suena una música que no descifras,
que no acabas de oír, pero que invade.
¿O eres tú y tu temor, tu constante recelo?
Hay algo que no ves, pero que está,
o se ahonda o crece o se dilata.
¿O tal vez eres tú y tu pavor diseminado?
Algo te cerca, algo te rodea,
no sabes lo que es ni lo que dice,
no sabes a qué huele ni entiendes lo que canta.
¿O eres tú y tu miseria, tu consabido pánico?
El aire se ha espesado como el tiempo,
y la luz es opaca y dirimente,
y una urgencia precoz te acosa y lame.
¿O eres tú y tu implacable cobardía?
Todo se ha convertido en extrañeza,
es como si tu vida te mirara
de esa forma distante y asombrada
con que observamos siempre a los ajenos,
con ese miedo obtuso hacia los otros.
¿Qué sabes tú de ti, criatura absurda?
¿Qué sabes tú de tus razones?
¿Quién es ésa que escapa mientras vives?
¿Quién es la que sonríe cuando lloras,
la que se queda muda mientras hablas?
Nadie va a responder por ti,
ni siquiera tú misma.
La vida te ha alcanzado,
ha llegado primero y ha cruzado la meta.
Huele, huele mucho y no sabes a qué.
Suena, suena por todas partes
una música que no acabas de oír.
Déjalo, deja que caiga, que se ahonde,
déjalo que prospere como el miedo.
Al fin y al cabo de algo hay que vivir.
Peor sería que conocieras las respuestas.
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Lo que siento por ti. |
Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.
Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.
Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.
Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.
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La penumbra del cuarto. |
Entra el lenguaje.
Los dos se acercan a los mismos objetos. Los tocan
del mismo modo. Los apilan igual. Dejan e ignoran
las mismas cosas.
Cuando se enfrentan, saben que son el límite
uno del otro.
Son creador y criatura.
Son imagen,
modelo,
uno del otro.
Los dos comparten la penumbra del cuarto.
Ahí perciben poco: lo utilizable
y lo que el otro permite ver. Ambos se evaden
y se ocultan.
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A ella. |
En el invierno viajaremos en un vagón de tren
con asientos azules.
Seremos felices. Habrá un nido de besos
oculto en los rincones.
Cerrarán sus ojos para no ver los gestos
en las últimas sombras,
esos monstruos huidizos, multitudes oscuras
de demonios y lobos.
Y luego en tu mejilla sentirás un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por tu cuello...
Y me dirás: «¡búscala!», reclinando tu cara
y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por lo demás indiscreta.
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Poema de alta flor. |
Y cuando el viento sea flor marchita,
y la noche no viva sino en puro recuerdo;
cuando el silencio reine
y descienda implacable sobre lunas y estrellas.
Y cuando sólo quede la ceniza
de todo aquello que fue luz, montaña y sombra;
al final de los límites vertidos en los seres;
más allá de los tiempos.
Cuando esté la esperanza destruida
y los ángeles mudos perdidos para siempre,
y el agua tan exigua que ni Dios beberá;
después de esto, después.
Cuando el rosal se halle en plena muerte,
perdidas en la nada las sendas y las flores,
y aunque el dolor y el ser no sean más que sueño,
seremos todavía.
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Berkshire. |
Debo volver a casa, ya es muy tarde,
pero dices “espera, quiero verte
las rodillas con esas medias negras”.
Te muestro las rodillas. Me despido
por enésima vez. No quiero irme
ni tú tampoco quieres que me marche.
Me has enseñado fotos divertidas,
los países más raros en el atlas,
tu ajedrez, tus estampas de la Virgen,
tus lápices y alguno de tus versos.
Me has hablado de todo lo que odias
y de unas pocas cosas que te gustan.
Los dos por un momento hemos pensado
que estaban agotados los recursos,
pero mis piernas son definitivas,
y te hacen maquinar en un instante
una historia de amor nocturna y loca.
Volveré a casa ya de madrugada;
encontraré en la calle algún borracho,
un gato revolviéndo las basuras,
los perros encelados que no duermen,
y hasta puede que el coche no me arranque.
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Idilio en el café. |
hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo,
la mano ante los ojos -qué latido
de la sangre en los párpados- y el vello
inmenso se confunde, silencioso,
a la mirada. Pesan las pestañas.
No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son,
rostros vagos nadando como en un agua pálida,
éstos aquí sentados, con nosotros vivientes?
La tarde nos empuja a ciertos bares
o entre cansados hombres en pijama.
Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio
arriba, más arriba, mucho más que las luces
que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados.
Queda también silencio entre nosotros,
silencio
y este beso igual que un largo túnel.
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Palabras de la griega. |
No me pienses.
Tus ojos están llenos de espléndida ponzoña.
No me mires.
Que mi saliva te inunde la garganta.
No me asfixies.
Deja de agusanar mi mente confundida.
No me pudras.
Guarda mis incisivos en una caja de plata
pero no te arrodilles ante sus resplandores.
No me reces.
Que mis ropajes no sirvan de velamen
a los navíos sin patria.
No me rasgues.
Que mis coágulos no vivan en tus uñas
ni en los nudillos que derriban templos.
No me maldigas.
En la herida la sal halle su suerte.
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Las gastadas palabras de siempre. |
los armarios que encierran la humedad de los puertos
y el sabor a betel que dejas en mis labios
cuando desapareces en el aire.
Déjame tender tu cabello a la sombra
para que la penumbra madure como el día.
Déjame ser una ciudad inmensa, un bote de cerveza
o el fruto desollado ante la espiga.
Déjame recordarte dónde me ahogué de niño
y por qué hace brillar mi sangre la tristeza.
O déjame tirado en la banqueta, cubierto de periódicos,
mientras la nave de los locos zarpa
hacia las islas griegas.
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Fantasma. |
tu voz que no recuerdo,
tu racimo de aromas olvidados.
Amo tus pasos que a nadie te conducen
y el sótano que pueblas con mi ausencia.
Amo entrañablemente tu carne de fantasma.
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Desnuda. |
Desnuda eres como una calle
subes, te abres, serpeas, te angostas,
doblas, sigues mis pasos y desembocas.
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Que los ruidos te perforen los dientes. |
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a posternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.
Encontrado en mi vida en lenguas ajenas
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El pesa nervios. |
Las titilaciones de la inteligencia y ese brusco trastocamiento de las partes.
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El ombligo de los limbo. |
Es por una cuestión de conciencia. La ley sobre estupefacientes pone en manos del inspector-usurpador de la salud pública el derecho de disponer del dolor de los hombres; en una pretensión singular de la medicina moderna querer imponer sus reglas a la conciencia de cada uno. Todos los balidos oficiales de la ley no tienen poder de acción frente a este hecho de conciencia: a saber, que, más aúnque de la muerte, yo soy el dueño de mi dolor. Todo hombre es juez, y juez exclusivo, de la cantidad de dolor físico, o también de vacuidad mental que pueda honestamente soportar.
Por vuestra ley inicua ustedes ponen en manos de personas en las que no tengo confianza alguna, el derecho a disponer de mi angustia, de una angustia que es en mí tan aguda como las agujas de todas las brújulas del infierno. Temblores del cuerpo o del alma, no existe sismógrafo humano que permita a quien me
mire, llegar a una evaluación de mi dolor más precisa, que aquella, fulminante, de mi espíritu!
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No es que muera de amor |
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Salvación. |
.
Se fuga la isla
Y la muchacha vuelve a escalar el viento
y a descubrir la muerte del pájaro profeta
Ahora
es el fuego sometido
Ahora
es la carne
la hoja
la piedra
perdidos en la fuente del tormento
como el navegante en el horror de la civilación
que purifica la caída de la noche
Ahora
la muchacha halla la máscara del infinito
y rompe el muro de la poesía.
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La niña y la mariposa. |
volando de rosa en rosa,
y de una en otra afanosa
corre una niña tras ella.
sigue con pueril afán,
y con airoso ademán
la mariposa se esquiva.
quiere hacer presa en sus galas,
y, en vez de tocar sus alas,
toca las alas del viento.
cuanto más corre afanosa,
más leda la mariposa
va su inocencia burlando.
y al ir a cogerla esbelta,
por cada vez que se suelta,
suelta la niña un suspiro.
presta una, y la otra ligera,
ni una acorta su carrera,
ni la otra amaina su vuelo.
sin sentir indiferentes
ni el són de las claras fuentes,
ni el de las auras perdidas.
entre las ramas divisan,
ni ven las flores que pisan,
ni oyen las aves que cantan.
siguen con plácido estruendo,
la niña sigue corriendo,
la mariposa volando.
mariposa,
enamorada y errante
niña hermosa,
que al fin vendrá a ser cautiva
de tu llama,
si aun amorosa, aunque esquiva,
la luz de los cielos ama.
la fragancia,
no imites en tus amores
su inconstancia;
que al fin de tanto vagar,
suele, hermosa,
entre las flores hallar
la yerba más venenosa.
pues serena,
jamás, niña toca el cielo,
ni la arena.
subir quiere,
muere a manos de un halcón
si a las de un áspid no muere.
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El reino de los beodos. |
¿Creeis que luégo lo mezcló con agua?
Dejando entonces el Senado el puesto,
de ese modo al cesar dió un manifiesto:
La ley es red, en la que siempre se halla
descompuesta una malla,
por donde el ruín que en su razón no fía,
se evade suspicaz... ¡Qué bien decía!
Y en lo demás colijo
que debiera decir, si no lo dijo:
Jamás la ley enfrena
al que a su infamia su malicia iguala:
si se ha de obedecer, la mala es buena;
mas si se ha de eludir, la buena es mala.
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Jose Saramago (18/6/10) |
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Más vale estar a la sombra de un árbol. |
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La ley de la solidaridad social es la primera ley humana. |
Esas dos leyes se interpretan y, al ser inseparables, constituyen la esencia de la humanidad.
La libertad es indivisible: no puede suprimirse una parte de la misma sin matarla toda.
Esa pequeña parte que suprimís es la esencia misma de mi libertad, lo es todo.
Mi libertad personal así confirmada por la libertad de todos se extiende hasta el infinito.
Y cuando reivindicamos la libertad de las masas no pretendemos en absoluto abolir ninguna de las influencias naturales de ningún individuo ni de ningún grupo de individuos que ejercen su acción sobre ellas. Lo que queremos es la abolición de las influencias artificiales, privilegiadas, legales, oficiales.
Si la Iglesia y el Estado pudieran ser instituciones privadas, nosotros seríamos indudablemente sus adversarios, pero no protestaríamos contra su derecho de existir.
Pero protestamos contra ellos porque siendo indudablemente instituciones privadas en el sentido de que sólo existen en efecto para el interés particular de las clases privilegiadas, no por ello se sirven menos de la fuerza colectiva de las masas organizadas con objeto de imponerse autoritaria, oficial y violentamente a las masa.
La única grande y todopoderosa autoridad natural y racional a la vez, la única que podamos respetar, será la del espíritu colectivo y público de una sociedad basada en la igualdad y en la solidaridad, así como en la libertad y en el respeto humano y mutuo de todos sus miembros.
Sí, he aquí una autoridad sin nada de divino absolutamente humana, pero ante la cual nos inclinaremos con gusto, seguros de que lejos de sojuzgarles, emancipará a los hombres. Será mil veces más poderosa, estad seguros, que todas vuestras autoridades divinas, teológicas, metafísicas, políticas y jurídicas instituidas por la Iglesia y el Estado, más poderosa que vuestros criminales códigos, vuestros carceleros y vuestros verdugos.
En casi todos los países las mujeres son esclavas; mientras que no sean completamente emancipadas, nuestra propia libertad será imposible.
Sólo soy verdaderamente libre cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres, de manera que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más profunda y más amplia es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia viene a ser mi libertad.
Sólo puedo decirme auténticamente libre cuando mi libertad o, lo que significa lo mismo, mi dignidad de hombre, mi derecho humano, reflejados por la conciencia igualmente libre de todos, vuelven a mí confirmados por el asentimiento de todos.
Estimables patriotas parece que no quieren considerar en absoluto una cosa. Que un pueblo que bajo cualquier pretexto sufre la tiranía a la larga pierde necesariamente el saludable hábito de rebelarse y hasta el instinto mismo de la rebelión. Pierde el sentimiento de la libertad, la voluntad y el hábito, de ser libre, pasa necesariamente a ser un pueblo esclavo, no sólo por sus condiciones exteriores sino interiormente, en la esencia misma de su ser.
Afirman que sólo la dictadura -la suya, evidentemente- puede crear la voluntad del pueblo; nosotros les respondemos: ninguna dictadura puede tener otro objeto que el de perpetuarse, ninguna dictadura sabría engendrar y desarrollar en el pueblo que la soporta algo más que esclavitud; la libertad sólo puede ser creada por la libertad.
Cada uno lleva en sí el germen, y es sabido que todo germen, por una ley fundamental de la vida, ha de desarrollarse y crecer necesariamente por poco que halle en su ambiente condiciones favorables a su desarrollo. Esas condiciones en la sociedad humana son la estupidez, la ignorancia, la indiferencia apática y los hábitos serviles en las masas; de modo que se puede decir con justicia que son las mismas masas las que producen esos explotadores, esos opresores, esos déspotas, esos verdugos de la humanidad de los que son víctima.
Así pues, queda claro que la ausencia de oposición y de control continuos se convierten inevitablemente en fuente de depravación para todos los individuos que se hallan investidos de cualquier poder social; y que quienes de entre ellos desean salvar su personal moralidad deben cuidar ante todo de no guardar durante un tiempo excesivo ese poder.
Jamás me cansaré de repetirlo: la uniformidad es la muerte. La diversidad es la vida. La unidad disciplinaria, que sólo puede establecerse en cualquier medio social en detrimento de la espontaneidad creadora del pensamiento y de la vida, mata las naciones.
La unidad viva, realmente poderosa, la que todos queremos, es la que la libertad crea en el seno mismo de las libres y diversas manifestaciones de la vida, expresándose por la lucha: es el equilibrio y la armonización de todas las fuerzas vivas.
Soy un partidario convencido de la “igualdad económica y social”, puesto que sé que fuera de esa igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, así como la prosperidad de las naciones no serán más que una serie de embustes. Pero, sin embargo, como partidario de la libertad (esa condición primera de la humanidad) creo que la igualdad ha de establecerse en el mundo mediante la organización espontánea del trabajo y de la propiedad colectiva de las asociaciones productoras libremente organizadas, y no a través de la acción suprema y tutelar del Estado.
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Sé todos los cuentos. |
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.
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Déjame, pensamiento, déjame. |
Pero hoy, mientras la luz araña en los árboles y pide una oportunidad,
quiero que me recoja la inútil primavera.
y el corazón pregunte lo que falta por ver, cuántos latidos pueden quedarle
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Credo. |
En este mundo todavía... Viejo y cansado... Esperando
a que me llamen...
Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita
y condenada
y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro
y me ha dicho severo:
No, no es la hora todavía... hay que esperar...
Y aquí estoy esperando...
con el mismo traje viejo de ayer,
haciendo recuentos y memoria,
haciendo examen de conciencia,
escudriñando agudamente mi vida...
¡Qué desastre!... ¡Ni un talento!... Todo lo perdí.
Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda...
Y mi esperanza se levanta para decir acongojada:
Otra vez lo haré mejor, Señor,
porque... ¿no es cierto que volvemos a nacer?
¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer?
Creo que Dios nos da siempre otra vida,
otras vidas nuevas,
otros cuerpos con otras herramientas,
con otros instrumentos... Otras cajas sonoras
donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor
para ir corrigiendo lentamente,
muy lentamente, a través de los siglos,
nuestros viejos pecados,
nuestros tercos pecados...
para ir eliminando poco a poco
el veneno original de nuestra sangre
que viene de muy lejos.
Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo.
Sin embargo pasan los siglos y el alma está, en otro sitio...
¡pero está!
Creo que tenemos muchas vidas,
que todas son purgatorios sucesivos,
y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos,
constituyen el infierno, el infierno purificador,
al final del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos.
Ni el infierno... ni el fuego y el dolor son eternos.
Sólo la Luz brilla sin tregua,
diamantina,
infinita,
misericordiosa,
perdurable por los siglos de los siglos...
Ahí está siempre con sus divinos atributos.
Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla...
estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.
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Piedra de sal. |
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El arte de la novela. |
"El hombre desea un mundo en el cual sea posible distinguir con claridad el bien del mal porque en él existe el deseo, innato e indomable, de juzgar antes que de comprender. En este deseo se han fundado religiones e ideologías. Exigen que alguien tenga razón; la incapacidad de soportar la relatividad esencial de las cosas humanas, la incapacidad de hacer frente a la ausencia de juez supremo. Debido a esta incapacidad, la sabiduría es difícil de aceptar y comprender.
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Cae el sol. |
Ahora quisiera
meditar, recogerme, olvidar: ser
hoja de olvido y soledad.
Hubiera sido necesario el viento
que esparce las escamas del otoño
con rumor y color.
Hubiera sido necesario el viento.
Hablo con humildad,
con la desilusión, la gratitud
de quien vivió de la limosna de la vida.
Con la tristeza de quien busca
una pobre verdad en que apoyarse y descansar.
La limosna fue hermosa -seres, sueños, sucesos, amor-,
don gratuito, porque nada merecí.
¡Y la verdad! ¡Y la verdad!
Buscada a golpes, en los seres,
hiriéndolos e hiriéndome;
hurgada en las palabras;
cavada en lo profundo de los hechos
-mínimos, gigantescos, qué más da:
después de todo, nadie sabe
qué es lo pequeño y qué lo enorme;
grande puede llamarse a una cereza
( "hoy se caen solas las cerezas",
me dijeron un día, y yo sé por qué fue ),
pequeño puede ser un monte,
el universo y el amor.
Se me había olvidado algo
que había sucedido.
Algo de lo que yo me arrepentía
o, tal vez, me jactaba.
Algo que debió ser de otra manera.
Algo que era importante
porque pertenecía a mi vida: era mi vida.
(Perdóname si considero importante mi vida:
es todo lo que tengo, lo que tuve;
hace ya mucho tiempo, yo la habría vivido
a oscuras, sin lengua, sin oídos, sin manos,
colgado en el vacío,
sin esperanza.)
Pero se me ha borrado
la historia (la nostalgia)
y no tengo proyectos
para mañana, ni siquiera creo
que exista ese mañana (la esperanza).
Ando por el presente
y no vivo el presente
(la plenitud en el dolor y la alegría).
Parezco un desterrado
que ha olvidado hasta el nombre de su patria,
su situación precisa, los caminos
que conducen a ella.
Perdóname que necesite
averiguar su sitio exacto.
Y cuando sepa dónde la perdí,
quiero ofrecerte mi destierro, lo que vale
tanto como la vida para mí, que es su sentido.
Y entonces, triste, pero firme,
perdóname, te ofreceré una vida
ya sin demonio ni alucinaciones.
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La majestad del compromiso. |
Sólo son verdaderas
las palabras irreparables
El amor es precipitado
Por cada palabra de astucia
de paciencia o temor
de incertidumbre o de cautela
que manche nuestra boca
un amante en su tumba
se volverá de espaldas coronado de asco
Ten respeto al descanso de los muertos
Comprométete o calla Ven o vete...
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Intima. |
Íntima: ya conoces mi corazón, conoces
la solvencia que tiene mi andrajosa tristeza.
ya sabes la semilla que habita en mi cabeza
plagada de cizañas, de sequías y de hoces;
cálida: ya has bebido mis alcoholes feroces,
ya has fijado a tu dulce sumisa fortaleza
el yugo de mi vida perdida, en donde empieza
un abismo nocturno de pasos y de voces;
mágica: ya has resuelto mi instinto de venganza
en esta tarea lenta de amar, más que esperanza,
desde la que recibo mi reposo profundo;
trágica: ya has caído, besándolo, al contagio,
ya has heredado el hosco clamor de mi naufragio,
ya te arrastra la enorme velocidad del mundo.
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Las piedras. |
Hermana, eras lo mismo que un árbol muy pequeño,
un árbol al que el viento depositó en la arena;
llegó una ola de agua, llegó una ola de pena
y me quedé mirando tu mirada y tu sueño;
o bien, yo estaba solo, solo como otras veces
frente al mar, y llegaste ante mí, silenciosa;
te sonreí despacio por darte alguna cosa:
yo ya no podía darte los panes y los peces;
a veces veo que lloras, que tu pasado suena,
a veces yo quisiera llorarte mi pasado,
mirándonos al fondo quisiéramos llorar;
mirándonos al fondo del tiempo, de la pena,
se pasará el futuro, y cuando haya pasado,
hermana mía, iremos, mirándonos, al mar.
![]() |
Homenaje. |
con vómitos de fuerza al cráneo liberal del hombre,









