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Mostrando las entradas etiquetadas como fernando pessoa

Más vale estar a la sombra de un árbol.

Hijos, más vale estar a la sombra de un árbol que conocer la verdad, porque la sombra del árbol es verdadera mientras dura, y el conocimiento de la verdad es falso en el conocimiento mismo. Más vale, para un entendimiento justo el verdor de las hojas que un gran pensamiento, porque el verdor de las hojas puedes enseñarlo a los demás, y nunca podrás enseñar a los demás un gran pensamiento. Nacemos sin saber hablar, y moriremos sin haber llegado a saber decir. Nuestra vida pasa entre el silencio de quien calla, y el silencio de aquél que no ha sido entendido y, en torno a esto, como una abeja que revolotea en un lugar sin flores, ancla, incógnito, un destino inútil.  

El libro del desasosiego.

El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de ma...

Libro del desasosiego.

" Tengo que escoger lo que detesto – o el sueño, que mi inteligencia odia, o la acción, que a mi sensibilidad repugna; o la acción para la que no nací, o el sueño para el que no ha nacido nadie. Resulta que como detesto a ambos, no escojo ninguno, pero, como alguna vez tengo que soñar o actuar, mezclo una cosa con la otra."

Tabaquería.

No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo. Ventanas de mi cuarto, De mi cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién es (Y si supiesen, ¿qué sabrían?), Dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente, A una calle inaccesible a todos los pensamientos, Real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta, Con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres, Con la muerte que mancha de humedad las paredes y hace blancos los cabellos de los hombres, Con el Destino que conduce la carroza de todo por el camino de nada. Estoy hoy vencido, como si supiese la verdad. Estoy hoy lúcido, como si estuviese por morir, Y no tuviese más hermandad con las cosas Que la de una despedida, tornándose esta casa a este lado de la calle La hilera de vagones de un tren, y el silbido de una partida Dentro de mi cabeza, Y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al a...

Si muero pronto.

Las raíces viven soterradas pero las flores al aire libre y a la vista. Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo. Si muero pronto, oigan esto: No fui sino un niño que jugaba. Fui idólatra como el sol y el agua, una religión que sólo los hombres ignoran. Fui feliz porque no pedía nada Ni nada busqué. Y no encontré nada salvo que la palabra explicación no explica nada. Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia. Al sol cuando había sol, cuando llovía bajo la lluvia (y nunca de otro modo), sentir calor y frío y viento y no ir más lejos. Quise una vez, pensé que me amarían. No me quisieron. La única razón del desamor: Así tenía que ser. Me consolé en el sol y en la lluvia. Me senté otra vez a la puerta de mi casa. El campo, al fin de cuentas, no es tan verde para los que son amados como para los que no lo son: Sentir es distraerse.

Abdicación.

Tómame, oh noche eterna, en tus brazos y llámame . Soy un rey que voluntariamente abandoné mi trono de ensueños y cansancios. Desvestí la realeza, cuerpo y alma, y regresé a la noche antigua y serena como el paisaje al morir el día.

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación.

Ah! La angustia, la abyecta rabia, la desesperación... De no yacer en mí mismo desnudo con ánimo de gritar, sin que sangre el seco corazón en un último, austero alarido! Hablo las palabras que digo son nada más un sonido: Sufro soy yo. Ah, extraer de la música el secreto, el tono de su alarido! Ah, la furia -aflicción que grita en vano pues los gritos se tensan y alcanzan el silencio traído por el aire en la noche, nada más allí!

Y el mar en todo.

Somos quienes no somos, y la vida es veloz y triste. El ruido de las olas por la noche es un ruido de la noche; ¡y cuántos lo han oído en su propia alma, como la esperanza constante que se deshace en la oscuridad como un ruido sordo de espuma profunda! ¡Qué lágrimas lloraron los que obtuvieron, qué lágrimas perdieron los que consiguieron! Y todo esto, durante el paseo en la orilla del mar, se me tornó el secreto de la noche y la confidencia del abismo. ¡Cuántos somos! ¡Cuántos nos engañamos! ¡Qué mares suenan en nosotros, en la noche de ser nosotros, por las playas que nos sentimos en los encharcamientos de la emoción! Lo que se ha perdido, lo que se debería haber perdido, lo que se ha conseguido y ha satisfecho por error, lo que amamos y perdimos y, después de perderlo, vimos, amándolo por haberlo tenido, que no lo habíamos amado; lo que creíamos que pensábamos cuando sentíamos; lo que era un recuerdo y creíamos que era una emoción; y el mar en todo, llegando allá, rumoroso y fresco, ...

Si yo pudiera morder la tierra toda.

Si yo pudiera morder la tierra toda y sentirle el sabor sería más feliz por un momento... Pero no siempre quiero ser feliz es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural... No todo es días de sol y la lluvia cuando falta mucho, se pide. Por eso tomo la infelicidad con la felicidad. Naturalmente como quien no se extraña con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas... Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la infelicidad. Sentir como quien mira. Pensar como quien anda, y cuando se ha de morir, Recordar que el día muere y que el poniente es bello y es bella la noche que queda. Así es y así sea.

Esta vieja angustia.

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Esta vieja angustia, esta angustia que traigo hace siglos en mi, rebasó la vasija, en lágrimas, en grandes imaginaciones, en sueños al estilo de pesadilla sin terror, en grandes emociones súbitas sin sentido alguno. Rebasó. ¡Mal sé cómo conducirme por la vida con este malestar haciéndome dobleces en el alma! ¡Si al menos enloqueciese de veras! Pero no: es este estar entre, este casi, este poder ser que esto. Un interno en un manicomio es, al menos, alguien, yo soy un interno en un manicomio sin maniconéo. Estoy loco en frío, estoy lúcido y loco, estoy ajeno a todo e igual a todos: estoy durmiendo despierto con sueños que son locura porque no son sueños. Estoy así... ¡Pobre vieja casa de mi infancia perdida! ¡Quién te diría que yo me repeliese tanto! ¿Qué es de tu niño? Está loco. ¿Qué es de quien dormía tranquilo bajo tu techo provinciano? Está loco. ¿Quién de quien fui? Está loco. Hoy es quien yo soy. ¡Si al menos tuviese una religión cualquiera!...

La educación del estoico.

Todo lo que pienso y siento, inevitablemente, se me convierte en inercia. El pensamiento, que en otros es una brújula para la acción, es para mí un microscopio de ella, donde veo universos que atravesar ahí donde un paso bastaría para transponerlos como si el argumento de Zenón sobre el carácter interminable de cada espacio, que, por ser infinitamente divisible, es infinito, fuese una extraña droga con que me hubieran intoxicado el organismo espiritual. Y el sentimiento, que en otros se introduce en la voluntad como la mano en el guante, o la mano en la empuñadura de la espada, fue siempre en mí otra manera de pensar, fútil como la rabia que nos hace temblar hasta el punto en que no podemos movernos, una especie de pánico exaltado que, como el pánico, deja inmóvil al temeroso a quien el mismo miedo debía de hacer huir.

Lisbon revisited.

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Nada me ata a nada. Quiero cincuenta cosas al tiempo. Con la angustia del ávido de carne anhelo no sé bien qué: definidamente lo indefinido... Duermo inquieto, y vivo el soñar inquieto del que duerme inquieto, a medias soñando. Me cerraron todas las puertas abstractas y necesarias. Corrieron las cortinas ante todas las hipótesis que habría podido ver en la calle. En el callejón donde me encuentro no está el número de puerta que me dieron. Desperté a la misma vida que me había adormecido. Hasta mis ejércitos soñados sufrieron la derrota. Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados. Hasta la vida sólo deseada me harta -hasta esa vida... Comprendo a intervalos inconexos, escribo en los lapsos de cansancio y es tedio hasta del tedio lo que me arroja a la playa. No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón; no sé qué islas del Sur imposible son las que me aguardan, náufrago, o qué palmares de literatur...

He pasado toda la noche sin dormir, viendo.

He pasado toda la noche sin dormir, viendo, sin espacio tu figura. Y viéndola siempre de maneras diferentes de como ella me parece. Hago pensamientos con el recuerdo de lo que es ella cuando me habla, y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo con su semejanza. Amar es pensar. Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella. No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no pienso más que en ella. Tengo una gran distracción animada. Cuando deseo encontrarla casi prefiero no encontrarla, Para no tener que dejarla luego. No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que quiero. Quiero tan solo Pensar en ella. Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.

La educación del estoico.

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La dignidad de la inteligencia reside en reconocer que es limitada, y que el universo está fuera de ella. Reconocer que, nos guste o no, las leyes naturales no se pliegan a nuestros deseos; que el mundo existe independientemente de nuestra voluntad; que el hecho de estar tristes no prueba nada sobre el estado moral de los astros, ni del pueblo que pasa detrás de nuestras ventanas; ahí reside el verdadero uso de la razón y de la dignidad racional del alma.

La educación del estoico.

Como el gladiador en la arena, cuyo destino lo llevó de esclavo a condenado, saludo, sin que tiemble el César que haya en este circo rodeado de estrellas. Saludo de frente, sin orgullo, pues no puede tenerlo el esclavo; ni alegría, pues el condenado no puede fingirla. Mas saludo, para que no falte a la ley aquel a quien toda ley falta. Y, después de saludar, clavo en el pecho la espada que no me servirá en el combate. Si el vencido es el que muere y el vencedor quien mata, entonces, confesándome vencido, me declaro vencedor.

Escrito en un libro abandonado en un viaje.

Tengo el cansancio anticipado de lo que no voy a encontrar. Si en determinado momento me hubiera vuelto para la izquierda en lugar de para la derecha. Si en cierto instante hubiera dicho sí en lugar de no, o no en lugar de sí. Si en determinada conversación hubiese tenido frases que sólo ahora en el entresueño elaboro. Si todo esto hubiera sido así hoy sería otro y quizá el universo entero sería insensiblemente llevado a ser otro también. Pero sólo ahora lo que nunca fui ni seré me duele. Voy a pasar la noche a Cintra porque no puedo pasarla en Lisboa pero cuando llegue a Cintra me va dar pena de no haberme quedado en Lisboa. Siempre esta inquietud sin resolución, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. En la carretera de Cintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida. A la izquierda hay una casucha al borde de la carretera. A la derecha, el campo abierto con la luna a lo lejos. El auto que parecía hace po...