Confesión de un golfo.
No todos saben cantar, No todos saben ser manzana Y caer a los pies de otro. Esta es la suprema Confesión de un granuja. Ando intencionalmente despeinado, Con la cabeza como una lámpara a petróleo. Me gusta alumbrar en las tinieblas El otoño sin hojas de vuestros espíritus. Me gusta que las piedras de los insultos Caigan sobre mí como granizo vomitado por la tormenta. Entonces es cuando aprieto con más fuerza El globo oscilante de mi cabezota. Con qué nitidez recuerdo entonces La laguna cubierta de hierba y la voz ronca del aliso Y que en algún lugar viven mi padre y mi madre. Mis versos les importan un comino, Pero me quieren como a un campo, como a la carne de su carne, Como a la buena lluvia que en primavera ayuda a salir a los brotes. Ellos les clavarían a ustedes sus horquetas Cada vez que me lanzan una injuria. ¡Pobres, pobres campesinos! Seguramente están viejos y feos Y siguen temiendo a Dios y a los espíritus del pantano. ¡Si sólo pudieran comp...