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Confesión de un golfo.

No todos saben cantar, No todos saben ser manzana Y caer a los pies de otro. Esta es la suprema Confesión de un granuja. Ando intencionalmente despeinado, Con la cabeza como una lámpara a petróleo. Me gusta alumbrar en las tinieblas El otoño sin hojas de vuestros espíritus. Me gusta que las piedras de los insultos Caigan sobre mí como granizo vomitado por la tormenta. Entonces es cuando aprieto con más fuerza El globo oscilante de mi cabezota. Con qué nitidez recuerdo entonces  La laguna cubierta de hierba y la voz ronca del aliso Y que en algún lugar viven mi padre y mi madre. Mis versos les importan un comino, Pero me quieren como a un campo, como a la carne de su carne, Como a la buena lluvia que en primavera ayuda a salir a los brotes. Ellos les clavarían a ustedes sus horquetas Cada vez que me lanzan una injuria. ¡Pobres, pobres campesinos! Seguramente están viejos y feos Y siguen temiendo a Dios y a los espíritus del pantano. ¡Si sólo pudieran comp...

Sin lamentos.

Sin quejas, ni lamentos ni llantos como el humo a través del florido manzano hasta mí llegó la marchitez dorada ya no seré más joven y lozano. Ya no lates con la fuerza de antes mi corazón tocado por el hielo y caminar descalzo por el bosque ya no es una ilusión, no es un anhelo. El deseo de aventura cada vez es menor y el fuego de los labios ya se ha ido ¡oh mi joven y lejano frescor mis antaños pletóricos sentidos! Ahora son escasos mis afanes ¿he vivido mi vida o la he soñado? Es como si en un alba primaveral galopé sobre un caballo rosado. Nuestro destino es frágil y finito el cobre de las hojas lento emana por todos los siglos sea bendito lo que florece hoy para morir mañana.