Mientras me abalanzo sobre ella, pienso en un sobresaliente. En Ciencias nos encargaron capturar una mariposa. Cierro ambas manos. Noto las cosquillas de sus alas, mientras golpea aquí y allá buscando una salida. Es enorme, con unos colores preciosos, por lo que siento que ese sobresaliente está asegurado. Clavo el alfiler con cuidado de no estropear sus alas. Al enseñársela a la profesora, con los ojos muy abiertos y una expresión de repugnancia, retrocede pronunciando la misma palabra continuamente. Y aunque estoy seguro de saberme todas las especies de memoria y de haber repasado varias veces el temario, no consigo recordar qué es un "hada".
Muchachas solteronas de provincia, que los años hilvanan leyendo folletines y atisbando en balcones y ventanas… Muchachas de provincia, las de aguja y dedal, que no hacen nada, sino tomar de noche café con leche y dulce de papaya… Muchachas de provincia, que salen –si es que salen de la casa— muy temprano a la iglesia, con un andar doméstico de gansas. Muchachas de provincia, papandujas, etcétera, que cantan melancólicamente de sol a sol: – “Susana ven”… “Susana”… ¡Pobres muchachas, pobres muchachas tan inútiles y castas, que hacen decir al Diablo, con los brazos en cruz: –¡Pobres muchachas!...
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