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Después.

Es otra acaso es otra la que va recobrando su pelo su vestido su manera la que ahora retoma su vertical su peso y después de sesiones lujuriosas y tiernas se sale por la puerta entera y pura y no busca saber no necesita y no quiere saber nada de nadie.

Cuando compre un espejo para el baño...

Cuando compre un espejo para el baño voy a verme la cara voy a verme pues qué otra manera hay decíme qué otra manera de saber quién soy. Cada vez que desprenda la cabeza del fárrago de libros y de hojas y que la lleve hueca atiborrada y la deje en reposo allí un momento la miraré a los ojos con un poco de ansiedad de curiosidad de miedo o sólo con cansancio con hastío con la vieja amistad correspondiente o atenta y seriamente mirarme como esa extraña vez-mis once años- y me diré mirá ahí estás seguro pensaré no me gusta o pensaré que esa cara fue la única posible y me diré esa soy yo ésa es idea y le sonreiré dándome ánimos.

Elogio de la lejanía.

En la fuente de tus ojos  viven las redes de los pescadores de la mar del extravío.  En la fuente de tus ojos  el mar cumple su promesa.  Aquí arrojo yo,  un corazón que se detuvo entre los hombres,  mi ropa y el esplendor de un juramento: Más negro en lo negro, más desnudo voy.  Sólo infidente soy fiel.  Yo soy tú si yo soy yo. En la fuente de tus ojos  desvarar suelo y sueño un rapto. Una red prendió una red:  nos separamos enlazados. En la fuente de tus ojos  un ahorcado estrangula la soga.

Canción a una dama en la noche.

Cuando la Taciturna llegue y decapite los tulipanes,  ¿Quién saldrá ganando?  ¿Quién saldrá perdiendo?  ¿Quién se asomará a la ventana?  ¿Quién pronunciará primero su nombre? Alguien que es portador de mis cabellos.  Los lleva como se lleva a los muertos en las manos.  Los lleva como llevó el cielo mis cabellos aquel año en que amé.  Los lleva así por vanidad. Ese saldrá ganando.  No saldrá perdiendo.  No se asomará a la ventana.  No pronunciará su nombre. Es alguien que está en posesión de mis ojos.  Los tiene desde que se cierran los portones.  Los lleva en los dedos, como anillos.  Los lleva como añicos de fruición y zafiro:  era ya mi hermano en otoño;  y ya cuenta los días y las noches. Ese saldrá ganando.  No saldrá perdiendo.  No se asomará a la ventana.  Pronunciará su nombre el último. Es alguien que tiene lo que dije.  Lo lleva bajo el brazo, como un bul...

Habla también tú.

Habla también tú  sé el último en hablar,  di tu decir.  Habla-  Pero no separes el No del Sí.  Y da a tu decir sentido:  dale sombra.  Dale sombra bastante,  dale tanta  cuanta en torno de ti tú sabes extendida entre  medianoche y mediodía y medianoche.  Mira en torno:  ve cómo alrededor todo se hace viviente  ¡En la muerte! ¡Viviente!  Dice la verdad quien dice sombra.  Pero se estrecha ahora el lugar donde estás:  ¿Adónde ahora, despojado de sombra, adónde?  Asciende. Tanteante, asciende.  Te haces más sutil, más irreconocible, más fino.  Más fino: un hilo  por el que quiere descender la estrella  para abajo nadar, al fondo,  donde se ve brillar: sobre móviles dunas  de palabras errantes.

Lot.

Peregrino en tu hora mi hora la que fue tu ahogo, mi presa en la inocente fronda He de partir: todo ha sido la hembra cautiva roja que dijo sin decir la sal

Los labios del tiempo.

Regreso a las cosas sencillas como si aprendiese el alfabeto y tú mismo me enseñases a deletrear el árbol donde damos sombra el fruto que alimentamos con los labios. Al mediodía el atardecer cabalga sobre nosotros y a la misma hora la noche llega con un trazo que acaricia los colores de la sombra. Es así como alimentamos el tiempo y los animales se sientan a la espera de sobras para escribir nuestra historia.