Entradas

Botella al mar.

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes. Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni para los iniciados. Es para la niña que nadie saca a bailar, es para los hermanos que afrontan la borrachera y a quienes desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos.

Y el mar en todo.

Somos quienes no somos, y la vida es veloz y triste. El ruido de las olas por la noche es un ruido de la noche; ¡y cuántos lo han oído en su propia alma, como la esperanza constante que se deshace en la oscuridad como un ruido sordo de espuma profunda! ¡Qué lágrimas lloraron los que obtuvieron, qué lágrimas perdieron los que consiguieron! Y todo esto, durante el paseo en la orilla del mar, se me tornó el secreto de la noche y la confidencia del abismo. ¡Cuántos somos! ¡Cuántos nos engañamos! ¡Qué mares suenan en nosotros, en la noche de ser nosotros, por las playas que nos sentimos en los encharcamientos de la emoción! Lo que se ha perdido, lo que se debería haber perdido, lo que se ha conseguido y ha satisfecho por error, lo que amamos y perdimos y, después de perderlo, vimos, amándolo por haberlo tenido, que no lo habíamos amado; lo que creíamos que pensábamos cuando sentíamos; lo que era un recuerdo y creíamos que era una emoción; y el mar en todo, llegando allá, rumoroso y fresco, ...

Lisbon revisited.

No: no quiero nada. Ya dije que no quiero nada. ¡No me vengáis con conclusiones! La única conclusión es morir. ¡No me traigáis estéticas! ¡No me habléis de moral! ¡Quitadme de aquí la metafísica! No me prediquéis sistemas completos, no me ensartéis conquistas de las ciencias (¡de las ciencias ! , Dios mío, de las ciencias) ¡De las ciencias, de las artes, de la civilización moderna!   ¿Qué mal les hice yo a los dioses todos? Si tenéis la verdad, ¡guardadla! Soy un técnico, pero tengo técnica sólo dentro. Fuera de eso soy loco, con todo el derecho de serlo. Con todo el derecho de serlo, ¿oísteis? ¡No me molestéis, por el amor de Dios! ¿Me queríais casado, fútil, cotidiano y tributable? Me queríais lo contrario de esto, lo contrario de cualquier cosa? Si yo fuese otra persona, os daría, a todos, por el gusto. Así, como soy, ¡tened paciencia! ¡Iros al diablo sin mí, o dejadme ir solo al diablo! ¿Para qué habremos de ir juntos? ¡No me cojáis el brazo! No me ...

Poema en línea recta.

Nunca conocí a quien le hubiesen dado de bofetadas. Todos mis conocidos han sido campeones en todo. Y yo, tantas veces bajo, tantas veces guarro, tantas veces vil, yo tantas veces irreplicablemente parásito, indisculpablemente sucio, yo, que tantas veces no he tenido paciencia para bañarme, yo, que tantas veces he sido ridículo, absurdo, que he ocultado los pies públicamente en las alfombras de la etiqueta, que he sido grotesco, mezquino, sumiso y arrogante, que he sufrido afrentas y callado, que cuando no he callado, he sido más ridículo aún; yo, que les he sido cómico a las criadas de hotel, yo, que he sentido el guiñar de ojos de los mozos recaderos, yo, que he hecho vergüenzas financieras, pedido prestado sin pagar, yo, que, cuando la hora del puñetazo surgió, me he agachado hacia afuera de la posibilidad del puñetazo; yo, que he sufrido la angustia de las pequeñas cosas ridículas, yo verifico que no tengo par en todo esto en este mundo. Toda la gente que yo co...

Si yo pudiera morder la tierra toda.

Si yo pudiera morder la tierra toda y sentirle el sabor sería más feliz por un momento... Pero no siempre quiero ser feliz es necesario ser de vez en cuando infeliz para poder ser natural... No todo es días de sol y la lluvia cuando falta mucho, se pide. Por eso tomo la infelicidad con la felicidad. Naturalmente como quien no se extraña con que existan montañas y planicies y que haya rocas y hierbas... Lo que es necesario es ser natural y calmado en la felicidad o en la infelicidad. Sentir como quien mira. Pensar como quien anda, y cuando se ha de morir, Recordar que el día muere y que el poniente es bello y es bella la noche que queda. Así es y así sea.

Esta vieja angustia.

Imagen
Esta vieja angustia, esta angustia que traigo hace siglos en mi, rebasó la vasija, en lágrimas, en grandes imaginaciones, en sueños al estilo de pesadilla sin terror, en grandes emociones súbitas sin sentido alguno. Rebasó. ¡Mal sé cómo conducirme por la vida con este malestar haciéndome dobleces en el alma! ¡Si al menos enloqueciese de veras! Pero no: es este estar entre, este casi, este poder ser que esto. Un interno en un manicomio es, al menos, alguien, yo soy un interno en un manicomio sin maniconéo. Estoy loco en frío, estoy lúcido y loco, estoy ajeno a todo e igual a todos: estoy durmiendo despierto con sueños que son locura porque no son sueños. Estoy así... ¡Pobre vieja casa de mi infancia perdida! ¡Quién te diría que yo me repeliese tanto! ¿Qué es de tu niño? Está loco. ¿Qué es de quien dormía tranquilo bajo tu techo provinciano? Está loco. ¿Quién de quien fui? Está loco. Hoy es quien yo soy. ¡Si al menos tuviese una religión cualquiera!...

La educación del estoico.

Todo lo que pienso y siento, inevitablemente, se me convierte en inercia. El pensamiento, que en otros es una brújula para la acción, es para mí un microscopio de ella, donde veo universos que atravesar ahí donde un paso bastaría para transponerlos como si el argumento de Zenón sobre el carácter interminable de cada espacio, que, por ser infinitamente divisible, es infinito, fuese una extraña droga con que me hubieran intoxicado el organismo espiritual. Y el sentimiento, que en otros se introduce en la voluntad como la mano en el guante, o la mano en la empuñadura de la espada, fue siempre en mí otra manera de pensar, fútil como la rabia que nos hace temblar hasta el punto en que no podemos movernos, una especie de pánico exaltado que, como el pánico, deja inmóvil al temeroso a quien el mismo miedo debía de hacer huir.